He venido a decirte todo acerca de Él, y de como aprisionarlo en tu corazón, y de las disciplinas que atraen su gracia. A aquellos que me han pedido que les conduzca a la presencia de mi Bienamado, les apercibo con la muda palabra de mi mente,
o bien, les hablo con una suave mirada sugerente, o también con un dulce murmullo de amor, o en voz alta les disuado cuando de Él se apartan. Pero cuando yo ya no sea sino sólo un recuerdo o una imagen mental, o una voz que se escucha en el silencio; cuando ningún llamado de esta Tierra pueda ya revelar mi paradero en el espacio insondable; cuando ni la súplica débil ni el mandato estentóreo puedan ya obtener de mí respuesta alguna, entonces, sonreiré en tu mente cuando estés en lo justo, y cuando no lo estés lloraré, y te estaré observando desde la oscuridad, o quizá también llore con tu propio llanto. Te hablaré en murmullo desde tu conciencia; con tu propio raciocinio razonaré en ti, y a todos amaré con tu propio amor. Cuando ya no puedas hablar conmigo, lee Susurros de la Madre Eterna; eternamente te hablaré a través de ellos. Caminaré a tu lado sin que lo sepas, protegiéndote con mis brazos invisibles. Y cuando por fin conozcas a mi Divino Amado, y puedas escuchar su voz en el silencio, me conocerás de nuevo en forma más tangible que cuando me conociste en el plano terreno. Y aunque yo sea sólo un sueño para ti, vendré a recordarte que tú también eres solamente un sueño de mi Bienamado. Y cuando sepas que sólo eres un sueño, como ahora lo sé yo, estaremos por siempre despiertos en Él.